CONSUELO BORJA RODRÍGUEZ

Desde hace años que trabajo con personas con algún tipo de discapacidad. Y hay algo que me fascina de su mundo. Que es el nuestro.
SI. Las personas que no tenemos discapacidad tendemos a mirarlos como si estuvieran en otro planeta diferente, y no sabemos muy bien como interactuar con ellos. Pero es más fácil de lo que parece, solo hay que interactuar, y ya está.
Digo esto porque siempre que algún amigo o amiga que no trabaja en el ámbito social me dice: pero… ¿Cómo hay que tratarlos? ¿Cómo personas normales?
Entonces en mi cabeza resuena: “personas normales” y le pregunto: ¿Y para ti que es persona normal? -Porque para mí una persona que pregunta eso no me parece muy normal- pienso. Y es que las personas que no viven y conviven en plena inclusión no son las que parece que viven en otro planeta.
Desde el principio de mis días laborales con personas, me he pasado días y noches
riendo, hablando, llorando y peleando. Aprendiendo y desaprendiendo para volver a aprender, comunicando y escuchando, observando y sintiendo. Vamos, lo que se llama convivencia. Y es que los educadores que trabajamos en viviendas acabamos literalmente conviviendo con las personas que viven en las viviendas, y al igual que me reía con mi hermana también me carcajeaba con las personas de las viviendas.
Pero a lo que íbamos. Todavía, en pleno siglo XXI hay personas que no quieren interactuar con personas con discapacidad. Y cuando se tienen que enfrentar a situaciones de este tipo empieza a balbucear y a ponerse nerviosos, poco a poco se apartan como si la situación no fuera con ellos y se vuelven invisibles.
Estas personas no se han dado cuenta que la etiqueta no se lleva en la frente, y que desde hace muchos años que todos vivimos en inclusión plena. (¿O eso está sólo en mi cabeza?
Decido hablar con un buen amigo mío para preguntarle si para él la inclusión existe.
Este amigo hace 10 años tuvo su primer brote de esclerosis múltiple. Desde entonces y tras unos cuantos brotes más se encuentra en silla de ruedas.
Cuando le pregunto si hemos llegado a la plena inclusión me dice:
– Depende de con quien estés y que corazón hable.
– ¿Qué quieres decir?- Le respondo
Me sonríe y me dice:
– Amiga mía, en tu corazón y en tu mirada siempre la inclusión por lo que estar contigo tomando un café ya estoy sintiendo la inclusión. Cuando estoy con mifamilia estoy totalmente incluido en el entorno. Sin embargo el ir a un restaurante no siempre me siento incluido ya que la gran mayoría no es accesible para mí. También me gustaría hacer deporte pero tampoco lo veo muy posible; en cualquiera de los gimnasios de nuestra ciudad no tienen ni baños accesibles reales, y una larga lista de situaciones que te puedo dar en lascuales no me siento incluido en nuestra ciudad.
Pero ¿Sabes qué? Que lo importante es que cuando estoy en familia esas barreras acaban desapareciendo.
– ¿Y con las personas que no son de tu familia?
– Con las personas que no son de mi familia me encuentro de todo. Desde la
persona que no sabe muy bien como interactuar conmigo, los que ni te miran a
la cara y los que se pasan de amabilidad. En estos casos no siento la inclusión
que tú buscas.
Desde hace años que trabajo con personas, y desde hace años que me doy cuenta que la barrera social no las ponen las personas con discapacidad si no el resto de lasociedad.

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